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Hasta hace unos 20 años, septiembre modificaba el cielo, mejor dicho los tejados, de muchas localidades mediterráneas; aldeas de interior, de montaña, donde el ambiente se impregnaba de un olor afrutado, dulzón, acompañado por el zumbido de las últimas moscas. De los amplios ventanales de los porches sobresalían unos largos cañizos donde se ponían a orear los higos: higos blancos en todas sus gamas, que se escaldaban y se secaban al sol, porque los negros, que quede claro, no son higos; son brevas o bacoras, poco duraderas y, consecuentemente no se secan, aunque sí que sirven para hacer buenas confituras.

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De ahí a que mi suegra tenga aún la costumbre de esconder los blancos….ahora entiendo el motivo por el que cuando vamos al campo, solo nos deja comer los negros, aunque ella dice que son más buenos mezclados con almendras…

La pillé!!!! Je je

Aunque quizás por eso ahora comemos buñuelos…de comernos las blancas en el campo, ahora no tendríamos nada…