Hubo una vez una joven muy bella que no tenía madre, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa.

Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.

- Tú Kilicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.

Pero como esa historia de la madrastra y demás ya pasó a la historia...que le den!!  pienso ir, con unos zapatos bien bellos.

Y así sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices. ( espero que las dos tiras que llevan, impidan que los pierda a las doce, a no ser que quiera perderlos, claro).

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 Como se dice: .. "de los sueños... también se vive"..