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Para hablar con otros, no necesitas unas técnicas muy complicadas: solo requieres humildad, dulzura y verdad. La humildad torna cualquier palabra suave. Y cuando uno se inclina, también lo hace el otro.

 Humildad genera humildad y hace  que las relaciones sean efectivas. 

Ser dulce no es complacer el otro a partir de sensaciones falsas, a partir de sentimientos de los cuales yo mismo no estoy convencida. Significa hablar desde el corazón, para que el otro entienda completamente, no escondiendo nada.

 Si así lo haces, verás la mágica sonrisa que en la cara del otro surgirá.

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(fotos captadas en mi regreso de Madrid, en Atocha)