.

.

 

 ¿Pero cómo confiar en un humano, si son los peores depredadores del mundo? Cualquier pájaro sabe eso...

Estiraba sus alas y sus patas.

Probando, midiéndose. Fuerte. Vigorosa, enérgica.

Además,  temeraria.

Nos ha costado mucho que estuviera quietecita, para poder devolverla al nido, mientras la madre volaba a escasos metros de nosotros.

.

.

.

.