Ni seis ni cuatro, somos cinco. y es una pena, la verdad. Seis es un numero muy lindo.
Es una pena.
Si...pena es el sentimiento final, no puedo llamarlo de otra forma.
Acontecimiento familiar. Era obvio que al ir a ver a mi nueva sobrina, cabía la posibilidad de encontrarme con las hijas de la que fue mujer de mi padre.
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Si, las que por muchos años fueron mis "hermanastras", a las que nunca llamé por ese nombre. Eramos hermanas. Seis. Quien quería saber más, se encontraba con mis pocas ganas de explicar.
Al separarse esa mala mujer de mi padre...ellas se fueron con su madre. Total, mi padre no era más que la persona que las había alimentado durante años...que iluso el pobre al creer que tenía derecho a más.
Unos años estubimos sin contacto.
Recuerdos de cómo eran las dos....
Una, la mayor, burlona, creida, envidiosa y presumida . Su madre la educó haciendola creer la mejor del mundo. Si habían que comprar unas zapatillas, eran para ella.
La segunda, revoltosa, chillona, y malcriada...pero en el fondo era muy buena. De la misma edad que mi hermana la pequeña...inseparables para todo. Nunca le dieron ni la mitad del trato que recibió la mayor, con motivo se ser por ella la disputa de su padre y de su madre. Él creyó que ella no era su hija y las dejó, y su madre nunca se lo perdonó. Pero por lo menos se salvó de los palos, que recibiamos nosotras.
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Hace unos dias ví a la mayor en el hospital. ¿Dónde se ha quedado esa chica presumida?. Desmejorada ( no quiero llamarle fea), Tristeza en sus ojos al verme, pero sigue en sus trece de odiarnos hasta la muerte, y fue llegar ella y marchar yo...dos minutos nos vimos.
Al salir sentí deseos de llamarla...pero no lo hice...no quiero roces con la culpable de muchos de mis palos.
Pocos dias despues, el viernes pasado, tube la oportunidad de ver a la pequeña, con la que hablo por el messenguer a menudo, y a la que tengo localizada siempre que quiero. Hacía años que aunque nos hablamos, no nos habíamos visto.
Me dijo que si la esperaba a las dos de la madrugada, iba a pasar por dónde estabamos cenando. Por lo que acepté, vaya si acepté...
Mi hermana la pequeña y yo ya mirabamos el reloj...y apareció ella. Se la veía cansada. Había cambiado mucho en su aspecto...ahora es una mujer..Pero sigue siendo como antaño...
Se nos abrazó, se puso a llorar, no había quien la separara de nuestros brazos..y mi corazón dio más de un vuelco.
Me pidió consejo en unas cosas médicas, que está atravesando ahora, las cuales yo ya he pasado, y se quedó mucho más tranquila.
La invité a venir siempre que quiera, y que me llamara para lo que necesitara.
Me sentí feliz...despues de reencontrarme con una hermana perdida..
Hubo un tiempo que fuimos seis...despues volvimos a ser cuatro...y ahora puedo decir definitivamente que somos cinco hermanas...pues la quiero tanto como a las otras.
Todo el mal que le pueda llegar a ella, que me venga a mí.
Y como decía al principio, es una pena que la mayor no quiera trato con nosotras...y que todo lo que esté dispuesta a hacer sea ir a ver a cada bebé que nace en la familia, aunque desconozco con que fin hace eso.













Lidia Cervantes dijo
¡Qué más da! No analices, ella es la que más pierde.
No hay más que ver la reacción de la pequeña al sentirse aceptada.
Siéntete conforme y tranquila con tu forma de acutar, con la forma de actuar de tus hermanas.
Como siempre digo, hacer lo que te dicta el corazón es la mejor forma de acertar y sentirte agusto contigo. El resto, no merece la pena ni siquiera analizarlo... Allá ella.
Un besazo preciosa
20 Agosto 2009 | 08:07 PM