No hay jefe que dure cien años ni empleado que lo resista..
Creo que en la actualidad es bastante común encontrarse en algún momento de la trayectoria laboral con un ogro como jefe.
Personaje que nadie quisiera tener como superior, pero inevitablemente aparece en escena para enrarecer el ambiente de trabajo.
Se caracterizan por tener muy mal carácter, reflejado en irritabilidad, irrespeto e intolerancia.
Están convencidas que siempre tienen la razón y no se preocupan por el crecimiento ni el bienestar de los miembros de su equipo.
Las personas no tienen los mismos intereses, ni las mismas las actitudes, ni los mismos tipos de personalidad. Hasta ahí creo que todo se entiende.
Pero para las personas que tenemos jefes así, implica grandes dosis de paciencia y comprensión.
De hecho, llevo siete años soportando la situación y manteniéndome en mi cargo, aunque no por temor a ser despedida. Digamos que siento empatía por la mujer del jefe, que con los años se ha convertido en una muy buena amiga, y es por ella por la que he estado aguantando. Cuando ha habido conflictos, ella siempre me ha pedido que me quede por ella, y yo siempre me he amparado por el amor que le tengo, no dejándole en la estacada, y esperando que la cosa cambie.
Sin embargo no hay jefe que dure cien años ni empleado que lo resista..
Si un empleado siente que su dignidad es atropellada o el jefe excede los límites laborales es recomendable tomar cartas en el asunto.
Y aunque las cosas no están para tomárselas a la ligera, eso hice.
Me he despedido de mi curro, el que hace siete años que tengo.
Me cansé de trabajar en un clima desfavorable, que me genera desmotivación.
En resumidas cuentas, me sentía como una especie de aparato multifunción , no sé si Epson o Hp, pero allí conectada, sumisa, silenciosa y tratando de trabajar a toda velocidad sin rechistar.
La cólera y el enojo pueden distorsionar nuestra percepción de las cosas y puede provocar que tomemos decisiones erradas. Quizás me equivoque en mi decisión de dejar el trabajo, pero no podía más.
Yo soy bastante propensa a contagiarme emocionalmente. Y las cosas en el trabajo no están como para tirar flores. Entiendo, hasta cierto punto, que las cosas están desfavorables. Hay enfermedades en la familia, la crisis está haciendo bastante daño al negocio..etc...etc...
Pero algunas personas tienen por costumbre tener ataques de rabia. Y de eso me he cansado.
Lejos de estar depre, solo puedo decir que estoy triste por mi jefa.
A mi jefe le agradeceré las cualidades que he desarrollado gracias a él, y le obsequiaré con una enorme sonrisa la próxima vez que lo vea, que será mañana. Momento en el que habrá pensado bien lo que hoy le dije, y empezará a intentar que cambie de parecer...
Ya veremos si decido cambiar de opinión, o me mantengo firme en mi decisión de no dejarme "pisar" más.












licemar dijo
Ufffff.... :-S
Besos y abracitos. Respira hondo.
1 Diciembre 2011 | 08:14 PM